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Editor: Daniel Palacios

Licenciado en Letras por la Universidad de La Habana, es comentarista de béisbol del semanario cubano Trabajadores, en el cual labora desde 2003. Ha participado en disímiles coberturas de la Serie Nacional de béisbol, así como eventos internacionales de clavados, tenis de mesa, remos y otros deportes.

Mentalidad de Ciego


Por: Michel Contreras
Acaba de arrancar la Serie Nacional de Béisbol, y de inmediato —no podía ser de otro modo- especialistas y fanáticos han emprendido la atractiva carrera de los vaticinios.
Unos apuntan a La Habana, con un cuerpo de lanzadores que supera —y por mucho- los niveles de pitcheo del campeonato; otros optan por la tradicional competitividad de Santiago de Cuba y Villa Clara; hay inclusive quienes, recostados al horcón del apasionamiento, aguardan por un resurgir de los azules de Industriales.
Sin embargo, no son demasiados los que apuestan "a ciegas" por Ciego de Ávila. Y razones de sobra justificarían la elección: se trata de un elenco balanceado —a día de hoy, más balanceado que ninguno-, y que ya lleva unas cuantas campañas tocando a las puertas de la gloria.
Lo que ocurre es que los avileños no han logrado arroparse con el aura de la competitividad. Esto es, que después de rendir excelentes etapas preliminares, se han desinflado inexplicablemente en las postemporadas. Así no más.
¿Qué le falta a la tropa del ex receptor Roger Machado? A mi juicio, carece de aquello que en psicología deportiva, los expertos bautizaron como "mentalidad ganadora".
De antaño sabemos que para ganar no basta con las dotes naturales, la depuración en el aspecto técnico, o el dominio absoluto de lo táctico. Son precisos, también, el control exquisito de los nervios y la adecuada "preparación" de la actitud.
Dicho en pocas palabras, que el esfuerzo del cuerpo debe ir acompañado por el trabajo de la mente. Que la autoestima tiene que estar en alto, tanto o más que la moral de los ejércitos (a fin de cuentas, el deporte no es más que una versión sublimada de la guerra). Que ha de existir la convicción de que igual de dañinos son el derrotismo y el exceso de confianza.
La psicología se aplica al deporte desde inicios del siglo pasado, cuando Rusia, Alemania y Estados Unidos hicieron los pininos en este sector. Y ha funcionado siempre, pues se apoya en columnas levantadas con el cemento de la ciencia.
Para muestra, el botón de este rústico ejemplo, que hace años leí en algún periódico: el delantero estrella de un equipo de fútbol cayó inconsciente al césped, agredido por uno de los adversarios. Su entrenador, que lo necesitaba en cancha, le dijo a los otros jugadores: "Díganle que él es Pelé y que tiene que regresar al juego". Y así fue...
Algo de eso anda pidiendo a gritos la novena de Ciego de Ávila. Una terapia que mentalice al grupo en función de la victoria, que le quite a la par el nerviosismo y la relajación, y le haga creer que el trofeo no es inalcanzable.
Pero ello necesita trabajo. Trabajo especializado y riguroso. Si pretende ganar, Ciego tiene que ver.