martes, 17 de junio de 2008

Cuba en Juegos Olímpicos


Sólo nos separan meses para el inicio de la confrontación deportiva cumbre del planeta, los Juegos Olímpicos, los cuales en su edición número XXIX acogerá la magestuosa Beijing, ciudad china que hace gala de la belleza, misticismo y perfección del pueblo chino.

Ante tan cercano acontecimiento consideramos oportuno analizar en síntesis la labor de los atletas cubanos en estas centenarias justas, en las cuales han protagonizado verdaderas hazañas deportivas, principalmente tras el triunfo de la Revolución del Primero de Enero de 1959.

Cuba debuta en citas estivales en los II Juegos de París 1900, donde el esgrimista Ramón Fonst (espada) se convierte en el primer medallista dorado de la mayor de las Antillas en tan fuerte confrontación, y además obtiene la plata en esa misma arma, pero para maestros.

Cuatro años después, en Saint Louis 1904, mejora su propia actuación al colgarse al cuello el oro en florete y espada, y también en florete por colectivos. Aquí otro espadachín criollo, Dionisio Díaz, ganó el título en el sable individual y el florete por equipos.

En los IV Juegos de Londres 1908; V, Estocolmo (1912), VI, Berlín (1916), y VII, Amberes (1920), los cubanos no estuvieron presentes, y reaparecen en la octava cita de París 1924 con nueve deportistas en esgrima y yatismo y no pudieron obtener presea alguna, como igualmente sucedió en los novenos de Ámsterdam 1928.

Ausentes estuvieron también los criollos en los X de Los Ángeles 1932 y XI, Berlín 1936. Los XII de Tokio 1940 y XIII en Londres 1944 no se celebraron.

La capital inglesa tuvo la encomienda de realizar los XIV en 1948, donde estuvieron involucradas 59 naciones con 4 mil 468 deportistas; y Cuba, que estuvo representada en diez disciplinas obtuvo una medalla de plata en el yatismo (star class) por intermedio de Carlos de Cárdenas Cumell (capitán) y Carlos de Cárdenas Pla (timonel).

En la XV edición de Helsinki 1952, los nuestros inscribieron a 28 atletas: atletismo (5), baloncesto masculino (10), esgrima (1), gimnástica (3), pesas (1), tiro (2), yatismo (4) y natación (2), mientras en los XVI de Melbourne 1956, se alistaron en cinco deportes: yatismo, remos, natación, gimnástica y atletismo. En ambas citas los antillanos se fueron sin preseas.

La primera incursión de los cubanos en estas lizas después del triunfo de la Revolución se produce en los XVII Juegos de Roma 1960, quienes asisten con una pequeña delegación de tres mujeres y nueve hombres y compiten en ocho disciplinas.

Fue en la justa XVIII, en Tokio 1964, cuando el deporte revolucionario gana su primera medalla olímpica, ésta por mediación del velocista Enrique Figuerola, quien cruzó segundo la raya de sentencia en la final de los 100 metros planos, en el atletismo. Éste sería el preámbulo de futuras victorias.

Ya en los decimonovenos de Ciudad de México 1968 la cosecha fue de cuatro metales en total. Dos de plata en atletismo: 4x100 (m y f), e igual cantidad en boxeo: Enrique Regüeiferos (63,5 kg) y Rolando Garbey (71); y en los vigésimos de Munich 1972 el pugilista Orlandito Martínez (54 kg) se llevó la primera medalla de oro del olimpismo cubano después de 1959, actuación que imitaron sus coequiperos Emilio Correa (67) y Teófilo Stevenson (más de 81 kg).

Una actuación histórica realizaron los muchachos del baloncesto al sorprender al mundo con su metal bronceado, en tanto en el atletismo también fueron terceros Silvia Chivás (100 m) y la posta de 4x100 femenina.

Mayor aún fue la cosecha en los XXI Juegos de Montreal 1976. Allí se conquistaron 13 preseas, y entre las actuaciones más descollantes figuró la de Alberto Juantorena (oro en 400 y 800 metros), en el deporte rey, quien constituyó toda una sensación en suelo canadiense. También alcanzaron el metal áureo los boxeadores Jorge Hernández (48 kg), Ángel Herrera (57) y Teófilo Stevenson (más de 81), y el judoca Héctor Rodríguez, quien conquistó el primer título cubano en esta disciplina de combate.

En esta confrontación Cuba encabezó con mayor comodidad el medallero entre los países de Latinoamérica y el Caribe.

Moscú, en 1980, resultó una digna anfitriona de la XXII versión de esta fiesta multideportiva, donde Cuba se encaramó hasta la cuarta posición en la tabla final de participantes.

Los cubanos sumaron en esta oportunidad siete preseas más en el total que en Montreal 1976, para demostrar nuevamente la pujanza del movimiento deportivo en la Isla.

Ocho fueron las coronas ganadas por los criollos. El boxeo se erigió otra vez en la vanguardia con seis cinturones dorados: Bautista Hernández (54 kg), Ángel Herrera (60), Andrés Aldama (67), Armandito Martínez (71), José Gómez (75) y Teófilo Stevenson (más de 81), quien se convirtió en tricampeón olímpico. Los restantes títulos fueron al pecho del pesista Daniel Núñez (56 kg), y María Caridad Colón (atletismo), en el lanzamiento de la jabalina, primera mujer de Cuba y Latinoamérica medallista de oro en citas estivales.

La mayor de las Antillas no participó en los XXIII Juegos de Los Ángeles 1984, pues no existían garantías para sus atletas, y tampoco en los XXIV de Seúl 1988, por no ser compartidos éstos por las dos Corea.

El mayor número de pergaminos en la historia fue conquistado por Cuba en los vigésimo quintos juegos de Barcelona 1992, con un total de 31 (14 de oro, 6 de plata y 11 de bronce), válido para situarse en el quinto lugar por países, con destaque para los dorados Javier Sotomayor, en salto de altura, y la discóbola Maritza Martén, en el atletismo; la judoca Odalis Revé: los equipos de béisbol y voli femenino; los luchadores Héctor Milián (100 kg, estilo greco), Alejandro Puerto (57, libre) y siete pugilistas.

En Atlanta 1996, durante la XXVI edición Cuba logró 9 medallas de oro, 8 de plata e igual cantidad de bronce, lo que le permitió situarse en el octavo puesto. Reeditan su actuación los peloteros y las muchachas del voleibol, lo boxeadores subieron a lo más alto del podio cuatro veces, en tanto también se vistieron de oro Pablo Lara (pesas), Driulis González (judo) y Filiberto Azcuy (lucha greco).

Finalmente, a los últimos juegos del siglo XX y el milenio, los XXVII, celebrados en Sydney 2000, Cuba compareció con una delegación de 238 deportistas, quienes quedaron novenos en la tabla final, al lograr 11 títulos, el mismo número de plata y siete terceros lugares.

Aquí brillaron, entre otros, las voleibolistas, ganadoras de su tercera corona olímpica consecutiva, el saltador de longitud Iván Pedroso (8,55 metros), Anier García (110 con vallas, 13,00), en el atletismo, y el púgil Félix Savón, quien también se convirtió en tricampeón.

En Atenas 2004 los Resultados de Cuba siguieron siendo halagüeños al terminar oncena con 27 preseas (9-7-11).

Como se puede apreciar, el desarrollo del movimiento deportivo en la Isla ha ido de menos a más. El hecho de situarnos desde hace ya unos cuantos años en la vanguardia olímpica demuestra una vez más los aciertos de nuestra política en esta actividad, por lo que estamos convencidos de que en la venidera justa china los resultados serán igualmente sobreasalientes.

Trabajo realizado por Rafael Rofes Pérez, mñas información en www.pasajedeportivo.blogspot.com

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